En el contexto de los gravísimos indicadores monetarios que tiene el país, dolarizar sería catastrófico para todos los argentinos. Se debería realizar bajo un tipo de cambio por encima de los $7000 y condenaría a los ciudadanos a la miseria absoluta.

En Argentina, se ha debatido en las últimas semanas la dolarización como una posibilidad concreta para frenar el deterioro que está causando en la economía el proceso inflacionario permanente que sufre el país. En ese contexto, varios economistas, políticos y opositores en general la han propuesto como la salvación para Argentina, llegando incluso a ser presentada en el Congreso por un diputado del bloque Juntos.
Pero... ¿es realmente factible el cambio de moneda en el escenario que atraviesa el Estado en este momento? A priori, claro que no. Según nuestros cálculos con base en los informes del Banco Central, los agregados monetarios (en los que se suma base monetaria y pasivos) superan los 8,4 billones de pesos. En tanto, las reservas netas apenas superan los u$s1.200 millones.
Estas cuentas se desprenden de los más de 3,5 billones de base monetaria, casi 4,2 billones de LELIQ y NOTALIQ, y los 743.000 millones de pesos de pases pasivos. En lo que a reservas se refiere, las brutas ascienden a u$s43.160 millones, número al que se debe restar encajes (unos u$s12.000 millones), swaps (alrededor de u$s20.600 millones), BIS (u$s3.200 millones) y DEGs (aproximadamente u$s7.000 millones). Luego de contabilizar algunos restos y compras de divisas, se llega al cálculo de unas reservas netas que oscilan los u$s1.200 millones.
¿Por qué hablamos de reservas netas y no de líquidas/de libre disponibilidad? Porque, en un contexto de dolarización, se podría llevar a cabo un proceso en el que se liquidara el oro que posee el BCRA en sus bóvedas. No es el mismo caso con, por ejemplo, los swaps chinos: no son convertibles a dólares, por lo que no podría utilizarse en este escenario. Tampoco los DEGs, que tienen funciones puntuales aprobadas por el FMI para su uso.
Cuando realizamos el cálculo para determinar el tipo de cambio de dolarización (también llamado de cobertura o de equilibrio) sería tan sencillo como dividir los agregados monetarios liquidables por las reservas netas. De allí se llega a un número alarmante: por cada dólar del BCRA, hay casi $7100 pesos esperando ser cambiados. Teniendo en cuenta que el tipo de cambio oficial minorista es de $116,25 por divisa estadounidense, esto implicaría aumentar este valor... ¡un 5.970%!
Sin lugar a dudas, eso inaceptable e irrealizable. Supondría una devaluación 98,4% de la moneda (teniendo en cuenta que la devaluación se calcula por la diferencia porcentual entre el inverso del tipo de cambio inicial y del de cobertura). Ordenar un proceso de dolarización bajo este contexto llevaría a un porcentaje enorme de la población a la indigencia, a la inanición, a una miseria nunca antes vista en nuestro país.
Y eso que no se mencionan otras barreras fundamentales como la inestabilidad institucional de Argentina, la cual quedaría aún más al descubierto si se llevase a cabo esta idea. La dolarización es simplemente una utopía y ninguna solución.
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